miércoles, 5 de diciembre de 2012

Homenaje


Gabriel Oyarzo encontró en el fotoperiodismo una motivación que la vida le había negado. Tuvo conciencia allí de que la comunión entre el trabajo y el placer no era un concepto utópico. Nunca se arrepintió de nada. Difícilmente alguien tuvo la posibilidad de escuchar de su boca la gravidez de una  queja verdadera. Siempre lo hacía de manera irónica, con la postura del que hace de la gracia un arte.
 Fue de esos tipos que se quieren poco pero se hacen adorar. Un buscavidas, un autodidacta, un hombre que encontró su profesión después de una búsqueda por decenas de oficios.
 Su amor por el periodismo lo halló en la calle, caminante incansable del día y la noche. Se perfeccionó como tantos en estos lugares desprovistos, en general de capacitaciones. Tenía la mirada del sufriente y una alegría entrañable. Ni siquiera la muerte, que lo laceró de a poco y con saña, consiguió arrebatarle la esencia.
 Encontró en su ojo la mirada de muchos. Entendió rápido la importancia de su tarea. Luchó con anhelo por la superación en una profesión en la que muchas veces hay poco espacio para el crecimiento. Se hizo un lugar y retrató la realidad lo mejor que pudo. Vivió como quiso, apartado de las convenciones.
 El paso de Gaby por el fotoperiodismo fue corto, pero quedó marcado a fuego. En los compañeros, que lo recuerdan día a día porque dejó una cantidad interminable de frases célebres y anécdotas. Y también en los protagonistas de sus imágenes, que en muchos casos salían a buscar al fotógrafo simpático para facilitarle el trabajo.
 Partió en su ley, bajo sus reglas. Dejó un vacío gigante. En la profesión, en la redacción, en las relaciones con tantos. Como había sucedido tiempo atrás con el Zorrito Pulozzi. Bienvenido este homenaje para un tipo que, a su modo, sintió y amó el periodismo.

 Sebastían Bussader / Cristian Helou

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