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miércoles, 28 de noviembre de 2012

No descartan juicio a Quiroga


UNE reaccionó ante los rumores de que en el Concejo Deliberante no iba a haber juicio político al intendente Horacio Quiroga por las responsabilidades que le competen luego de la tragedia de la Cooperativa Obrera. "De ninguna manera quedó descartado", dijo Francisco Baggio, concejal del bloque.
Ayer debió asistir Ricardo Amerio a la reunión de la Comisión de Obras Públicas pero el funcionario, máximo responsable de esa área en el municipio, lo pospuso para el 4 de diciembre debido a problemas personales.

jueves, 23 de agosto de 2012

La comisaría de Villa Regina estuvo intervenida por el Ejército durante 1976


Lo confirmó el testigo Ricardo Rogelio Bustos ayer cuando se presentó a declarar en la segunda audiencia semanal.
Bustos era sargento del Batallón 181 en 1976 y prestó servicios hasta 1996. Era mecánico en la Compañía de Construcciones y relató que desde el 24 de marzo de 1976 y durante un mes aproximadamente fue comisionado a la comisaría de Villa Regina bajo las órdenes del subteniente Jorge Osvaldo Gaetani, militar retirado que esta imputado en esta causa pero se encuentra excarcelado. Gaetani era subteniente de la compañia de combate “b” del Batallón 181.  
Bustos confirmó que estuvieron alojados en esa dependencia policial y sostuvo que el traslado se produjo en un “camión reo, de los chiquitos”, estaba a cargo de Gaetani como jefe, cuatro suboficiales (un cabo y tres cabo primeros) y cinco soldados. Aseguró que solamente daban órdenes él y Gaetani más los oficiales policiales de la unidad. Su función era de policía y de custodia del edificio de la comisaría y ejemplificó al indicar que se apostaban frente al cine y “custodiaban el frigorífico de Moño Azul por la oscuridad que había en el lugar”.
Bustos especificó que “no se hacían operativos, hacíamos controles”, que “era fuerza armada y relevábamos los puestos en la comisaría”
A su regreso de Regina, comentó que sabía de la existencia de personal de inteligencia porque andaban de civil, con barba y sombreros. En esa época vivía en el barrio militar y admitió que “la mayoría nos conociamos”.  

Declaración del médico Espinoza
El primero en declarar ayer a la mañana fue el médico militar Héctor Oscar Espinoza, quien se desempeñó como médico en el Batallón de Ingenieros 181 de Neuquén capital durante 1976. Espinoza estuvo bajo las órdenes de Enrique Braulio Olea, quien se desempeñó como jefe del Batallón, y de Hilarión de la Paz Sosa, jefe de la sección Sanidad de la Brigada de Infantería de Montaña VI de Neuquén, ambos condenados en 2008 por 17 hechos.
El médico –quien tomó cargos como doctor en Cinco Saltos y Cipolletti- confirmó que estuvo prestando servicios en el Batallón entre noviembre de 1974 y diciembre de 1976.
Dijo que a De La Paz Sosa lo vió en el batallón solamente dos veces durante revisaciones a soldados para su incorporación.
Consultado sobre la situación de su jefe más cercano afirmó que Hilarión de la Paz Sosa “era un profesional correcto y cuando recibía órdenes desde Bahía Blanca era muy preciso” y negó que haya participado en alguna operación e indicó: “tengo un buen concepto de él”.
Espinoza reconoció que trabajaba como traumatólogo y era el único médico de esa unidad militar.
El médico declaró que “la situación del país era displacentera, rara; la población estaba atemorizada y que lo notaba porque estaba obligado a controlar la comida de los soldados”.
Describió su periplo al observar que estuvo prestando servicios en San Nicolás – donde reside actualmente- y luego pasó a Villaguay, donde se retiró sin goce de sueldo en 1983. Dijo que estuvo con tratamiento psiquiátrico durante dos años por un incidente con un jefe durante la Guerra de Malvinas y finalmente dejó el cargo como militar en 1995. 
Antes de despedirse dijo: “me conmueve estar aquí por gente que ha sufrido”.

jueves, 9 de agosto de 2012

Hruschka "no era ajeno a las torturas en Cipolletti"


El jefe de la regional segunda de la policía Roca en 1976, Guillermo Hruschka, no declaró ayer ante el peligro de que se autoincriminara en el juicio por delitos de lesa humanidad que se lleva a cabo en Neuquén.
El fiscal de la causa, Marcelo Grosso se opuso férrreamente a la presentación del testigo que había sido citado a primera hora, y tras una hora de deliberación, el Tribunal en forma unánime le dio la razón y liberó a Guillermo Hruschka de testimoniar en la audiencia.
"No va a ser recibido su testimonio para preservar su situación procesal", le informó el presidente del tribunal, Orlando Coscia, tras lo cual el exjefe policial rionegrino se retiró de la sala de audiencias.
"La imputación contra él sigue vigente" explicó el fiscal, quien cuando esta causa se investigaba en General Roca, lo indagó por delitos de lesa humanidad, por el secuestro y las torturas que sufrieron, entre otros, el primer secretario general de la Unter, Luis Genga, las hermanas Silvia y Cristina Botinelli, el sindicalista Rubén Ríos, y el ex bancario Eduardo París, entre otros casos que recordó.
Varios de esas denuncias integran los 39 hechos de secuestros y torturas por las que se lleva adelante este juicio.
"Defecto formal"
Grosso detalló que esa indagatoria luego fue anulada "no porque fuera inocente Hruschka, sino porque se le encontró un defecto formal; pero la acusación sigue vigente. Cuando la causa se remitió a Neuquén, la fiscalía –federal neuquina– le reiteró los hechos imputados y los de otras víctimas y se dijo, "téngase presente" (por el juez Guillermo Labate) y nunca decidió qué hacer, hasta que el juzgado no defina esto, no se puede sentar como testigo porque para la fiscalía es un imputado", amplió luego en rueda de prensa.
Para la fiscalía, el comisario rionegrino retirado "como jefe de la regional segunda de Roca que en ese momento era una de las más importantes en la provincia de Río Negro, no podía ser ajeno a lo que pasaba adentro y afuera de la comisaría de Cipolletti; hay determinados elementos como por ejemplo qué hacía el oficial Miguel Quiñones en la comisaría de Cipolletti (uno de los imputados en la causa como los interrogadores en la comisaría de Cipolletti) si era de la regional segunda; nadie sabe porqué estaba funcionando allí, y hay una posibilidad de que fuera enviado expresamente" por parte de un superior.
Para el abogado Hernán Corigliano, defensor del militar Gustavo Vitón –interventor militar de la comisaría cipoleña en 1976–, la declaración de Hruschka "la solicité porque era fundamental para aclarar quién estaba a cargo y quién ejercía el control operacional sobre la policía de Río Negro, porque en esto hay una confusión: cuando se produce el golpe de Estado, el jefe del Batallón lo envía a Vitón a la comisaría de Cipolletti para prevenir posibles disturbios, porque se preveía que podía ocurrir eso", dijo.
En una extensa resolución, el Tribunal evaluó que con las constancias que hay en la causa, el testigo se podía "autoinculpar" por estar sospechado y que la citación para que compareciera ayer "sólo puede interpretarse como una errada autorización en el caso concreto, natural y propio del volumen de la causa y prueba tratada".
Investigan su participación
Se detalló que además de los casos por los que fue indagado en su momento en Roca, se investiga su participación en las desapariciones de Marta Rosa Cea, María Cristina Lucca, Trezza, Saez, Gómez, Amalia Cancio, Pichulmán, Contreras, Carmona, Kristensen, Novero, Rodríguez y Sotto, entre los nombrados en la resolución.

jueves, 19 de julio de 2012

El ex policía federal Soza quedó detenido en la U9

El subcomisario federal Jorge Alberto Soza fue encarcelado el miércoles por el juzgado federal de Neuquén, luego que se certificó el fallo de la Cámara Nacional de Casación que confirmó su procesamiento por todos los hechos por los cuales fue extraditado desde España en 2.010.
Soza permanecía en Neuquén con un régimen de excarcelación y debía presentarse semanalmente ante Gendarmería a la espera del juicio, ya que si bien la Cámara de Roca había dictado la falta de mérito y el sobreseimiento de la mayoría de los casos por los que fue acusado inicialmente, una de las denuncias había quedado firme porque la víctima lo reconoció durante su detención ilegal en 1.976.
Tras la decisión de la sala IV de Casación Penal el 13 de julio pasado, Soza fue alojado en la U9 el martes. No hubo inconvenientes en su caso para el ingreso al penal, en tanto quedó alojado en el pabellón en el que están detenidos la mayoría de los imputados que están siendo sometidos a juicio por los delitos cometidos durante la dictadura militar.
Antes de lograr el régimen excarcelatorio, Soza había solicitado prisión domiciliaria debido a que tiene más de 70 años, sin embargo, hasta ayer la defensa oficial que lo asiste, no lo había planteado al juzgado.
El subcomisario federal retirado está acusado de 17 hechos de tortura, 10 secuestros ilegales y 8 hechos de privación ilegítima de la libertad por su participación durante la dictadura militar en los grupos de tarea. Específicamente fue acusado por el secuestro y las torturas a perseguidos políticos que fueron interrogados bajo tormentos en la delegación de la federal en 1976.
Según lo planteó el Ceprodh, que logró que Casación penal revocara los sobreseimientos por los nueve casos de las víctimas del "operativo Cutral Co", ya que la Sala IV evaluó que hubo prueba de que la policía federal participó del megaoperativo de secuestro que se llevó a cabo en la comarca petrolera entre el 9 y el 14 de junio de 1976; por lo que en su calidad de segundo jefe de la federal, ordenó su procesamiento como lo había hecho el juzgado de primera instancia en julio de 2.010 por su responsabilidad en este operativo.

Fuente. Diario Río Negro

miércoles, 4 de julio de 2012

Última semana de audiencias en la primera etapa del juicio contra represores


Esta semana concluirá la primera etapa de audiencias en el segundo juicio oral contra ex militares, policías y personal civil de Inteligencia imputados por delitos de lesa humanidad cometidos en la región del Alto Valle de Rio Negro y Neuquén.
El miércoles 4 y el jueves 5 de julio declararán testigos vinculados al caso Albanesi, que comenzó a tratarse la semana pasada. José Luis Albanesi, socio de la Cooperativa familiar “La Colmena”, fue detenido el 23 de abril de 1977 en la comisaría de Cipolletti (Rio Negro). Allí permaneció apenas tres días, según lo relatado por su hijo Adolfo, y luego fue trasladado a la ciudad de Neuquén. El general José Luis Sexton y el coronel Eduardo Contreras Santillan le informaron a Adolfo, el 29 de abril, que su padre había muerto de un sincope cardíaco durante un careo con un empleado de la cooperativa, Carlos Eli De Filippis, que por entonces tenía 16 años. Sin embargo, en su testimonio De Filippis sostuvo que oyó a Albanesi en el centro clandestino “La Escuelita” de Neuquén.
Fueron citados para el miércoles a la mañana: Jorge Norberto Villanueva y Marcial Troncoso. En tanto por la tarde asistirán: Benjamín Sitzerman, Rafael Scuteri y Ángel Victoriano Ingelmo.
Además de ventilarse lo sucedido con Albanesi, el jueves prestará testimonio Ernesto Joubert, quien fuera privado de su libertad en la vía pública en 1977 en Junín de los Andes (Neuquén), y llevado a la Sección de Gendarmería de aquella ciudad. Fue interrogado por el Segundo Comandante, Emilio Jorge Sacchitella, imputado en esta causa. También se allanó su vivienda, secuestrándole pertenencias. En el lugar padeció tormentos físicos y psíquicos. Posteriormente fue trasladado a la ciudad de Neuquén. Durante el viaje practicaron sobre él dos simulacros de fusilamiento. Su primer destino fue “La Escuelita” y después la Unidad de Detención Nº9. Recuperó su libertad el 28 de diciembre. En el centro clandestino fue torturado con descargas eléctricas.
Joubert declarará por la mañana junto a Juan Ricardo Bialous y Jorge Alberto Ruiz. A la tarde será el turno de José Vilchez y Abilio Pereyra.
El viernes 6 de julio atestiguará Roberto Coppolecchia, detenido el 21 de julio de 1976 en su domicilio, el Hotel “Argentina Libre” del Sindicato del Seguro de Bariloche (Rio Negro). En el operativo, que incluyó allanamiento y secuestro de elementos personales, participaron el Jefe de la comisaría y dos miembros de Gendarmería. Fue retirado de la comisaria el 28 de julio de 1976 para ser llevado en un vuelo de la empresa “Lade” a la ciudad de Neuquén. Ingresó en la Unidad 9 y fue sacado de la penitenciaria en una ocasión para ser trasladado a “La Escuelita”, donde fue interrogado. El 16 de agosto lo liberaron, en horas de la noche, restituyéndole sus pertenencias.
Se espera que en la última jornada, conjuntamente con Coppolecchia, brinden testimonio Héctor Negrete y Jorge Amare. Por la tarde lo harán: Graciela Arroyo y Eduardo Pombo. Este último por videoconferencia desde Bariloche.

Fuente: www.spnqn.com.ar/juicio

viernes, 15 de junio de 2012

El periodismo en la mira

Al iniciarse la audiencia del jueves por la mañana, el Tribunal Oral Federal de Neuquén citó al periodista jubilado Carlos Alberto Galván quien agradeció ser invitado y juró por la Constitución Nacional. Galván de 72 años, vecino de Roca, se desempeñó como jefe de la corresponsalía en Neuquén del diario Río Negro en la década del setenta. Galván relató el incidente de la evasión de Rubén Ríos, en el puente carretero que une las provincias de Neuquén y Río Negro. Dijo que el 16 de agosto de 1976 cuando regresaba a su casa de Cipolletti, desde la agencia Neuquén, y cuando su auto se venía deteniendo por problemas mecánicos, ve pasar un auto lo pasó a toda velocidad y al instante ve como un hombre corría rumbo a Neuquén por el puente en calzoncillos y camiseta. Pensó que era un atleta pero se trataba de un hombre muy lastimado, con raspones y casi desnudo. Galván se dirige a pié hasta el destacamento que estaba a pocos metros y pide ayuda, pero cuando sale el hombre ya había sido socorrido y se iba en otro auto. Al día siguiente, Galván pasó por el destacamento policial para averiguar sobre el paradero del hombre pero no estaba el policía que lo atendió la noche anterior, algo inusual para esos días ya que el cambio de guardia estaba previsto a las 12 del mediodía. Entonces se dirigió al hospital regional de Neuquén. Allí nadie sabía nada, no había registros pero un par de enfermos comentaron que después de las curas, llegaron personas y se lo llevaron. Como era 17 de agosto día del homenaje a San Martín, llama a Roca para preguntar si había habido algún operativo y le responden que algo ocurrió en Roca e incluso se escaparon algunos tiros. El 6 de setiembre un hombre “con voz gruesa” llamó a la casa de Galván para amenazar y que se dejara de joder publicando cosas. El anónimo le espetó: “Carlitos, Julieta y Panchito (sus hijos) siguen jugando (como si los estuviera viendo). Fijate si un auto te estampa un chico contra la pared como una mariposa”. Entonces le contó al comisario Antonio Casal quien le recomendó que se fuera ese mismo día del país. Esa misma noche se fue su mujer y sus hijos en el tren que iba a Buenos Aires. Galván comentó que tres semanas después, su jefe del diario lo despidió para ayudarlo económicamente indemnizándolo y prometiéndole un nuevo cargo para su retorno. En setiembre, se fue al exilio y no volvió hasta 1982. En 1984 cuando regresó y empezó a trabajar como jefe de redacción del mismo diario. Un día se presenta Rubén Ríos en el diario y las declaraciones de su detención y fuga coincidían con lo que conocía. Galván dijo que luego de la detención llamó a Reinhold quien era el contacto con el batallón y las nuevas autoridades del país y le dijo que si lo publicaba, se atenga a las consecuencias. Galván testimonio frente al tribunal y dijo que preguntó no solamente por Ríos sino también por Cecilia Vecchi (porque cuando llegó al Valle en el año 1969 fue corresponsal del diario Río Negro en Cinco Saltos y él vivió allí y conoció a su padre) y otros casos de detenidas-desaparecidas. El periodista comentó que el 24 de marzo de 1976, a la mañana, fueron citados los corresponsales de los medios de comunicación en Neuquén por el comandante Horacio Tomas Liendo, no era invitación – acotó-, por el diario Río Negro asistió Julio Rajneri (director y propietario), para comunicar que el gobierno constitucional fue derrocado y la junta militar estaba en el poder. Liendo presentó a Reinhold como el contacto y ordenaron que las pruebas de galera (el armado con correcciones de cada página antes de mandar a imprimir el diario, último paso en el ciclo editorial) debían llevarse al comando para que se censurasen o no. En ese momento Rajneri objetó la falta de operatividad ya que el diario se imprime aún en General Roca, por los retenes ubicados en la ruta 22 y la distancia de 50 kilómetros que separa Neuquén de Roca; por lo que Liendo dijo que si le daba su palabra de caballero lo autorizaba a que utilizara la autocensura. El experiodista del Río Negro reveló que sabía de la existencia de una comunidad informativa -que era espías de la gendarmería, la prefectura y la Side, donde Guglielminetti participaba- y que en una columna de gremiales que escribió recibió el elogio de todas las centrales. Sobre los habeas corpus describió que eran pocos los existentes en esa época pero que primero iban a la comisaría, después al comando y por último a la agencia del diario. Explicó que a veces se publicaban pero eran espacios muy reducidos y había que mandar a Roca copia del habeas corpus, la declaración y el caset. Galván dijo que no conocía jueces solamente conocía al juez Carlos Arias, contra quien habían atentado. También indicó que supo que Liberatore estuvo desparecido pero solo eso y que cuando alguien aparecía como el caso de Darío Altomaro iban a contarlo al diario. Sostuvo que era muy difícil chequear la información en esos tiempos y que solo podía hacerlo con los dichos de los familiares o las escasas llamadas a Reinhold. Galván agregó que supo de los casos Jure, Kristensen, el grupo teatral Génesis, Alicia Villaverde, Darío Altomaro y otros que habían pasado por la Escuelita de Bahía Blanca. Acerca de Raúl Guglielminetti dijo que lo conocía de antes. Un día le informa Gustavo Somer que un hombre, peligroso delincuente, fue capturado en Neuquén. En esa época Neuquén era una ciudad tranquila y la noticia llamaba bastante la atención. El detenido era buscado por uso indebido de los uniformes de las tres armas, contrabando de armas y drogas y un incendio en el Amazonas. Tenía orden de captura nacional e internacional. Lo publicó porque la fuente era buena y oficial, con cierto despliegue y se olvidó pero unos días después aparece Guglielminetti a la agencia del diario preguntando por él. Lo va a ver, le extiende la mano, lo saluda, y le dice vos sos periodista hiciste lo que tenías que hacer no fuiste vos quien promovió esto, yo se quien fue y a partir de ahí la relación fue buena, incluso, simpática. Después de su relato a la justicia, ante los periodistas aportó que también el ex agente de inteligencia había deportado varios grupos de chilenos y los había entregado en la frontera con los carabineros durante la construcción de El Chocón. Mencionó en ese momento que Guglielminetti trabajó en el diario La Mañana del Sur y en LU5 y recordó que quien lo antecedió en la jefatura de la agencia Neuquén del Río Negro alguién lo propuso para que trabajara pero se opuso y no se concretó. También sobre la desaparición de Cecilia Vecchi dijo que le quedó la sensación de frustración y afecto por su padre y que si se hubiera publicado tal vez hubiese tenido una oportunidad. Galván aseguró que otros periodistas deberían hablar y mencionó que cuando entró el último general que fue gobernador (Domingo Trimarco) pasó por ser un demócrata pero en realidad ya se habían llevado a todos, habían desaparecido a todos, habían torturado a todos y este se juntaba con los periodistas a comer asados incluso hay notas en las que son francamente simpáticos con Trimarco. Tal vez se habían acostumbrados a vivir con la dictadura pero si pasó, dijo. Recomendó que son interesantes las colecciones de diarios para leerlas con sentido crítico, son preciosas. La prensa fue cómplice sostuvo y expresó que una de las cuestiones más concretas es que creo que no fueron tan tontos los militares-genocidas que siempre se pusieron a la prensa en contra, esta vez les ofrecieron algo, les ofrecieron créditos fáciles. Apuntó que los grandes diarios diversificaron absolutamente su producción, dejaron de ser un diario, como Clarín que dejó de ser un diario, son un grupo económico, que antes siendo solamente diarios tenían una sola causa para defender, que era la libertad de prensa y la libertad de expresión. Al diversificarse –argumentó- comenzaron a defender sus propios intereses pero hubo una más. Cuando Cavallo en 1981 licua la deuda privada externa y la hace pagar a todos los argentinos, nosotros pagamos el edificio del diario Río Negro y una impresora de un millón de dólares que la pagamos nosotros, la licuó, la distribuyó en la sociedad. Massaccesi (Horacio, ex gobernador de Río Negro) en un libro que escribió, que se llama “Haceme senador” y que esta destinado a Rajneri, cuenta como fue que pudo obtener el crédito para el edificio que no podía alcanzar a las empresas que estaban en los valles irrigados, esa era la prohibición, al sur del río Colorado. Se hizo una salvedad, una franja que va del río Colorado hacia el sur por la calle Sarmiento y va por la avenida Roca hasta la vía. Conoció a Quiñones en Cinco Saltos Cuando era corresponsal del diario Río Negro en Cinco Saltos, conoció al suboficial ayudante de la policía rionegrina Miguel Ángel Quiñones. Relató que en una oportunidad desapareció de su casa cerca de dos meses y su esposa le cuidaba los hijos. Se decía que estaba en Cuba. Pero Galván reconoció que le llamó mucho la atención cuando regresó y la policía no le aplicó ninguna sanción. Cuando comenzó la dictadura lo vió en un allanamiento a la CGT, ese día no había ningún oficial de justicia pero estaba Quiñones y mencionó que no lo volvió a ver hasta el año 1990 en Viedma. La segunda citada a declarar durante la mañana fue Silvia Bottinelli, quien detalló la detención junto a su hermana Cristina, quien falleció en el exilio de México en 2009 tras un largo padecimiento de las secuelas de torturas ocurridas en 1976. Silvia Bottinelli, ex docente y chacarera de General Roca, contó que fue secuestrada en 1976 en su casa de Cipolletti, mientras cenaba con su pareja Luis Genga y Jorge Villafañe. Un grupo de civiles armados ingresaron a su casa, los vendaron y los trasladaron a La Escuelita de Neuquén. Los torturaron e interrogaron sobre sus actividades y simularon dos veces un fusilamiento. Uno cerca del río y otro en el interior de un edificio. Relató que sufrió una tortura sicológica cuando le mencionaban la presencia de sus padres (que eran de La Matanza, Buenos Aires) en la región y le prometían un reencuentro al año siguiente en la plaza de Cipolletti. Bottinelli junto a Villaverde fueron abandonados en la ruta 22 cerca de Arroyito y en colectivo regresaron a sus casas, pero esa noche Villaverde no quiso pasar a su casa y no se vieron nunca más. Silvia, después de la liberación también de su hermana y Genga, se dirigió a la comisaría de Cipolletti para dejar sin efecto el habeas corpus y se encontró con Camarelli quien el dijo que la próxima vez no se vaya sin avisar. Dijo que se quedó en la zona hasta diciembre cuando se trasladó a Buenos Aires y en junio se fue exiliada a España. Su hermana Cristina quedó con parálisis facial y tenía tres lesiones cerebrales como resultado de las torturas recibidas; cosa que supo, cuando la visitó en México en 1977. A Cristina no se le permitía viajar por la altura que debía remontar los aviones y por eso solamente en el año 2000 pudo venir al país. Al finalizar su testimonio, Silvia Bottinelli sentenció al tribunal a buscar la verdad al indicar que su hermana murió en el exilio porque la justicia es lenta y que con su declaración quiso reivindicar su nombre, lo que motivó el aplauso cerrado y lágrimas de muchos de los presentes en el salón de Amuc. Durante la mañana estuvieron presentes en la sala los imputados Antonio Camarelli y Desiderio Penchulef y al menos cincuenta alumnos secundarios pertenecientes a la Escuela del Padre Fito (que egresan como bachilleres con orientación en medios de comunicación) y del Cpem 47 presenciaron las audiencias de la mañana.

jueves, 14 de junio de 2012

Ayer declaró Genga en el segundo juicio a los militares

Después de casi una hora y media de relatar en detalle lo que vivió en 1976, Luis Alfredo Miguel Genga miró fijo a los jueces y sentenció: “No vengo a vengarme de nadie, no quiero venganza, quiero colaborar con la Justicia. Que nunca más vuelva a suceder señores jueces, hagan justicia”. La declaración de Genga tuvo lugar en la tarde de ayer durante el juicio a 23 represores por violaciones a los derechos humanos durante la última dictadura militar. El hombre de 72 años, quien años atrás fue secretario general de la Unión de Trabajadores de la Educación de Río Negro (UNTER), se sentó frente al Tribunal Oral Federal y contó los días previos a ser secuestrado en septiembre de 1976, de su violenta estadía en lo que cree que era el predio del Batallón de Ingenieros 181 y de su liberación y posterior exilio en España. En su relato, ubicó a los imputados Gustavo Vitón, jefe militar en la Comisaría 24 de Cipolletti, y a Antonio Camarelli, jefe de esa dependencia policial, durante un interrogatorio días después del 24 de marzo de 1976. A Vitón también lo sitúo en una redada que personal armado realizó esa misma noche en la casa de las hermanas Bottinelli, en la calle San Martín al 700. Genga confirmó los dichos de la testigo Stella Maris Sosa, una docente que trabajaba a su lado en la Escuela 50 de Cipolletti, quien antes había relatado a los jueces cuando un grupo de soldados, liderado por un policía, ingresó por la fuerza al establecimiento y se llevó libros y documentación. Respecto del secuestro, Genga contó que una noche de septiembre de 1976 estaba cenando en la vivienda de las hermanas Bottinelli y con Jorge Villafañe, cuando fueron sorprendidos por personas que los obligaron a ponerse contra la pared, los encapucharon y golpearon. Luego, a Genga y a Cristina Bottinelli los subieron a un auto y se los llevaron. “Hicimos un breve recorrido y paramos, me dio la idea de que era la comisaría de Cipolletti. Minutos después seguimos viaje, pasamos la rotonda y el inconfundible puente -por el traqueteo del auto- y tras unos kilómetros doblamos a la izquierda”, explicó. Genga dejó en claro que pese a estar encapuchado cree que lo habían llevado al predio del Ejército donde funcionaba La Escuelita, donde permaneció quince días y, según relató, día por medio lo torturaban e interrogaban. “Me preguntaban por las actividades gremiales y ese tipo de cosas mientras me golpeaban con extrema violencia. No me picanearon por suerte”, detalló. Dejó en claro que nunca reconoció a sus torturadores porque siempre estuvo vendado y que sólo escuchó el nombre "Pedro" como uno de los militares que estaba a cargo del lugar donde permaneció secuestrado. Contó que fue liberado cerca de Barda del Medio y que pudo llegar a Cipolletti porque se tomó un taxi. Cuando lo “soltaron”, aseguró que en el baúl del auto iba junto a Cristina Bottinelli, liberada ese mismo día. Tras su liberación, Genga regresó a sus tareas como director de la escuela y meses después se exilió en España, donde nacieron sus tres hijas. “Lo más duro fue el exilio más que las torturas porque vivía pensando en mi gente, en mi país”, sostuvo Genga quien regreso a la Argentina en 1992. "Fue como volver a ver el sol", aseguró. Hoy será el turno de Silvia Beatriz Botinelli, quien también fue secuestrada la noche del 2 de septiembre y llevada hasta “La Escuelita”, donde oyó a Genga y a su hermana. Los interrogatorios a los que la sometían en el centro clandestino giraban en torno a las personas que trabajaban en la Universidad Nacional del Comahue, incluida Cristina, que era profesora en la casa de altos estudios. Durante la mañana, se escuchará a Roberto Aurelio Liberatore, que fue detenido el 6 de septiembre de 1976 de la casa de su madre, Celestina Garabito, en Cinco Saltos (Río Negro), y conducido hasta la comisaría de aquella ciudad. Luego de una breve estadía en la comisaría de Cipolletti lo trasladaron a “La Escuelita”, donde fue torturado mientras lo consultaban sobre su actividad gremial en la empresa Indupa. El último testigo del jueves por la mañana será Carlos Galván. Por la tarde, está previsto que declare Francisco Tomasevich, quien estaba en Suecia para cuando fue convocado durante la semana en la que se debatió el “Operativo Cutral Co”. Tomasevich integró el grupo de detenidos – desaparecidos que fue torturado en la comisaría de la comarca petrolera, y luego de pasar por tormentos y la legalización en la U9, fue destinado a Rawson, desde donde pudo hacer uso de la “opción de salir del país”, eufemismo de protección que encontraron en la comunidad internacional los presos políticos en las cárceles de la dictadura. Por la tarde también integran el cronograma Celestina Garabito, Tomás Roldán y Ambrosio Ruiz. Fuentes: Diario La Mañana Neuquén Río Negro y Sindicato de Prensa de Neuquén.

miércoles, 23 de mayo de 2012

Retoman declaraciones por secuestros en Cipolletti


En la jornada de la tarde del martes 22 de mayo, luego de un cambio en el cronograma de la semana, se retomaron las declaraciones por los episodios ocurridos en la comisaría de Cipolletti.
Con la presencia de los imputados Miguel Ángel Quiñones, (oficial sub-ayudante de Inteligencia de la policía rionegrina en la época de las detenciones) y Antonio Alberto Camarelli (jefe de la comisaría 24 de Cipolletti y jefe de Operaciones Especiales en la subzona 5212 en la misma época), el único testimonio que se escuchó fue el de Elena Margarita Meraviglia, ex esposa de Luis Alfredo Genga.
En aquella época era vecina y amiga de Silvia Noemí Barco y de Norberto Blanco en el barrio cipoleño “432 viviendas” y amiga de Silvia y Cristina Bottinelli.
La testigo, que declaró durante más de hora y media, comentó detalladamente sus gestiones para dar con el paradero de Luis Genga (quien era Secretario General del gremio docente rionegrino, UNTER) desaparecido de su domicilio junto con Silvia y Cristina Bottinelli a fines de agosto de 1976 y liberados en la zona de Centenario (Neuquén) “unos 15 días después”.
Meraviglia explicó que tomó conocimiento del secuestro de Genga y Bottinelli, cuando fue en dos ocasiones hasta su vivienda ubicada en la calle 9 de julio de Cipolletti y observó la última vez que concurrió, que “nada se había movido en dos días”, “por la ventana vi que la mesa continuaba puesta, con restos de comida en los platos” dijo. La situación la motivó a dirigirse a la comisaría, preocupada porque “estuvieran golpeados dentro de la casa o que hayan sufrido un robo”.
En la comisaría fue recibida por Antonio Camarelli, quién le dijo que “no pasaba nada, que tuviera paciencia”. Al día siguiente, al notar que seguían ausentes, volvió a dirigirse a la Comisaría donde le dieron la misma respuesta; “no cabía dudas de que la cosa era más grave” concluyó.
Meraviglia comentó que junto a su amiga Noemí Labrune se dirigieron a ver a monseñor De Nevares, quien “nos dio una tarjetita para que nos dirigiéramos al Comando y preguntáramos por Reinhold” (Jefe de Inteligencia de la VI Brigada). Allí les informaron que Oscar Reinhold no podría atenderlas y les pidieron que volvieran al día siguiente, cuando las recibió Luis Alberto Farías Barrera (Jefe de Personal del Comando) quien les dijo que no sabía nada, que “no tenían la más remota idea”.
Dijo que se había dirigido a la Policía Federal, donde le explicaron que “ellos no los tenían y que la cosa era brava, que me haga a un lado” y que también fue a General Roca (Río Negro) “para ver si existía alguna manera de hacer pública su desaparición”. Allí se reunió con el director del diario “Río Negro”, Julio Rajneri, quien le explicó “que la noticia así no podía salir” pero le recomendó que presente un Hábeas Corpus y luego se lo llevara para publicar que “se había presentado un Habeas Corpus por la desaparición de Genga” comentó.
Además explicó que su pareja Enrique Jacobsen, que era amigo de policías de Río Negro, les pedía información de los secuestrados y que “un policía le había dicho que había escuchado decir a Miguel Quiñones (imputado en este juicio) que serían liberados en la zona de Arroyito o Centenario (Neuquén)”.
Indicó que tanto Cristina (liberada más temprano el mismo día) como Luis estaban muy maltrechos, que Cristina antes que la secuestraran había sufrido una parálisis facial y cuando fue liberada estaba mucho peor, que “le habían hecho de todo” y estaba muy preocupada y que más tarde, cuando incluso ya había vuelto Luis, ella “se descompuso y estuvo vomitando”.

Fuente: Diario del Juicio. www.spnqn.com.ar/juicio

lunes, 21 de mayo de 2012

Escuelita II: mañana declaran Almarza, Cantillana y Tomasevich


Las audiencias de esta semana, en el segundo juicio oral y público contra represores de la última dictadura cívico-militar que actuaron en la región, comenzarán mañana y continuarán miércoles y jueves. Este cambio de días se debe a que el viernes es feriado nacional.
El martes 22 de mayo declararán tres sobrevivientes del llamado “Operativo Cutral Co”. Ellos son Luis Guillermo Almarza Arancibia, Emiliano del Carmen Cantillana Marchant y Francisco Tomasevich. Los tres fueron secuestrados entre el 14 y el 15 de junio de 1976 de sus domicilios, y trasladados a la comisaría de Cutral Co donde sufrieron tormentos. Al momento de su detención Almarza Arancibia era plomero y gasista en la municipalidad de Cutral Co y estudiaba en el Centro de Enseñanza Media Nº6. Cantillana militaba en la Juventud Peronista y era miembro de agrupaciones barriales, en tanto que Tomasevich era delegado de la Uocra en su empresa. En las detenciones de los tres participó personal del Ejército, policía federal y provincial.
En la mañana del martes, además de Almarza Arancibia, prestará testimonio su padre, Dionisio Alfredo Almarza Barrientos, y Ricardo Pifarré. Por la tarde será el turno de Cantillana, su madre Carmen Alegría de Cantillana, y Tomasevich.
El miércoles 23 de mayo están citados -Amador Luengo, Jorge Cassolini y Raúl Lagos – por la mañana, mientras que a la tarde deberán presentarse Hugo Obed Inostroza Arroyo, Sergio Larenas Bascuñan y María Morales.
Inostroza Arroyo fue el detenido que se escapó del centro de detención y tortura “La Escuelita” de Neuquén en 1976. Logró aflojar las esposas que lo tenían sujetado a un catre y corrió por el predio. Fue herido, pero concretó la fuga.
El jueves 24 de mayo declararán durante la mañana Amalia Cancio, Armando Kremer y Jorge Ismael Gore. Por la tarde se espera el testimonio de Stella Segado, Néstor Rojas y el ex fiscal federal Hugo Cañón, quien en 1986 inició la investigación por los crímenes de lesa humanidad cometidos en la jurisdicción del V Cuerpo del Ejército y que se opuso a las leyes de impunidad y al indulto otorgado por el ex presidente Carlos Menem. Actualmente preside la Comisión Provincial por la Memoria de Buenos Aires.

Fuente: Diario 8300. www.8300.com.ar y www.spnqn.com.ar/juicio

jueves, 17 de mayo de 2012

“El ejército no era tan patriota como nos decían”


Pedro Maidana fue recibido con aplausos por la numerosa audiencia que se dio cita en el salón de la mutual de los universitarios en Neuquén capital, lugar donde se desarrollan las audiencias del segundo juicio contra los delitos de lesa humanidad ocurridos durante la última dictadura cívico-militar en la región. Maidana estuvo preso cinco años y medio y fue liberado después de haber padecido más de una decena de traslados a distintos lugares de detención del país.
Fue detenido en el colegio secundario nocturno de Cutral Co el 14 de junio de 1976, trasladado a la comisaría 14, al hospital local y luego en una ambulancia a la Unidad Penitenciaria 9 de Neuquén capital. En paupérrimas condiciones fue llevado a La Escuelita de Bahía Blanca vendado de pies a cabeza y traído nuevamente a la U9; pasó 21 días en La Escuelita de Neuquén, retornó a la U9 y de allí a la U6 de Rawson; estuvo luego en el Penal de Caseros, volvió a Rawson y terminó sus días de preso político en La Plata, donde el 22 de agosto de 1982 fue liberado.
Antes de iniciar su extenso relato, el testigo prestó su juramento ante el Tribunal Oral Federal de Neuquén por “los 30.000 compañeros desaparecidos”.
Maidana es un bonaerense de 55 años que no terminó sus estudios secundarios, ya que fue detenido, secuestrado y torturado, a los 19 años, por fuerzas conjuntas de la policía provincial de Neuquén y el Ejército Argentino en la Escuela Nacional de Enseñanza Técnica (ENET) 1, el mismo día que comenzó el “operativo Cutral Co”, el 14 de junio de 1976.
“Vengo a reafirmar lo que declaré hace años”, comenzó diciendo y anticipó que “en esos días sabía que se estaba realizando una razzia, estaba preparado debido a mi militancia, aunque nunca imaginé lo que fue”.
Describió que “ese día cuando llegué a la escuela no había operativo, ni militares, pero en poco tiempo, un compañero me dijo: `te buscan a vos´, cuando salgo veo a dos militares de alto rango hablando con el director, el ingeniero Paris, con el capitán Maier (muerto en 2010) y me dicen que tenía que acompañarlos; entonces el director asiente `vaya nomás´. Cuando llegamos a mi casa estaban mi abuela, mi madre, mis hermanos y Hugo Painemil, un amigo; allí sí, había operativo, llega un celular de la policía, un Fiat 125 y el capitán estaciona y se baja a 20 metros de casa, allí me pregunta el chofer en qué andaba; después salen de mi casa policías de civil, se suben al autito y se van. A mi hermano lo llevan al celular y se lo llevan”.
Maidana contó que “después me llevan a la comisaría de Cutral Co, me tienen contra la pared durante un largo rato, había más gente, luego escuché la voz de Paris que estaba hablando con algún oficial y escucho una frase que quedó grabada en mi cabeza, le dice que soy ‘una mosca de buena senda’, eso significaba que era bueno porque no molestaba, cosa que me sorprendió porque estuvimos muy enfrentados cuando desde el centro de estudiantes en cuarto año hicimos que peligrara su cargo de director al denunciar las condiciones estrictas en que nos pedían en esa época, pelo corto, higiene, corbata, zapatos, cuando muchas familias hacían un esfuerzo enorme por mandarnos a clases, éramos empleados de YPF u obreros de la construcción…” y en medio del relato el presidente del Tribunal Eugenio, Krom, debió interrumpir al testigo debido a sonidos descontrolados de la teleconferencia.
Al retorno, Maidana se refirió a las luchas reivindicatorias en la escuela cuando señaló que “en una volanteada fuimos reprimidos con sanciones y amonestaciones, pero seguimos y al año siguiente algunas cosas cambiaron, también nos involucramos en luchas obreras, acompañando a los trabajadores de una empresa que reclamaron varios días bajo la nieve y también estuvimos con los obreros de El Chocón”.
Continuó con la descripción de lo ocurrido en la comisaría de Cutral Co, al indicar que “dos hombres con pasamontañas que habían estado en mi casa me tomaron del hombro y me llevaron a la oficina del comisario. Me hacen arrodillar y me apoyan la cabeza contra el escritorio, había uniformados de verde y de azul; me hacen bajar la vista a coscorrones y me vendan los ojos y comienzan a preguntarme si tenía armas, que confesara, entonces decidí no decir nada teniendo en cuenta la gravedad de los hechos. Entonces, uno dijo: `Se mancó, llévenselo´; me atan y me conducen hacia fuera, pero por debajo de la venda veo otra vez el Fiat 125 que estaba en casa, entonces empecé a pensar que no iba a terminar bien”.
Luego de dar detalles acerca de su trabajo social y militancia en el PRT, retomó el relato para comentar que cuando llegaron a casa, temió que las revistas políticas que tenía pudieran perjudicar a su familia, “pero mi hermano y mi amigo las quemaron en el baño, mientras estaba el militar de consigna”, recordó.
Posteriormente, argumentó su idea de escapar, al indicar que “a pesar de estar atado, lo intenté para que quedara en evidencia que era un detenido ilegal, igualmente, no escaparía, no tenía dónde ir”. Luego me tiraron al suelo y me pegaron y después me subieron al camión del Ejército que estaba cubierta con una lona en la parte de atrás y  donde empezó la tortura con picana eléctrica, allí tampoco dije nada y pensé que era cuestión de aguantar hasta que se cansaran”.

Detenido a los 19 en el secundario nocturno
Maidana describió que “solamente me levantaban la venda para picanear los ojos y las sienes, la cabeza, la boca, también me golpearon con una pala en el estómago hasta que empecé a perder la conciencia y la retomaba; seguían preguntando por armas, qué teníamos que ver con eso, después me dejaron solo un rato hasta que llegó un médico del Ejército. Traté de no pestañar, me hice el desmayado y no recibí más castigo”.
Luego testimonió que “me bajaron del camión y me subieron a una Citroneta para llevarme al hospital, allí me dejan en una piecita con un soldado armado, una doctora me revisa, pide que nos dejen solos y junto con una enfermera me tranquiliza diciéndome que avisará a mamá y papá. Cuando amanece me trasladan en una ambulancia del Ejército a Neuquén capital”.
Maidana agregó que el día de la detención “fui a casa de José Méndez (conscripto detenido y desaparecido, cuyo caso fue ventilado la semana pasada) por si no estaban avisados, porque con ellos militábamos en el Partido Revolucionario de los Trabajadores y también fui a ver a Dora Seguel y su hermana quienes militaban en la Juventud Guevarista, para ver qué se podía hacer, sabíamos los militares venían a eternizarse en el poder para pelearle a las luchas sindicales”
“En la U9 –continuó Maidana- me dijeron que me preparara porque mi situación era complicada” y reseñó que “nosotros buscábamos ideales, estábamos compenetrados con las luchas contra el poder dominante de las empresas y los monopolios, alimentábamos una patria socialista. La actividad era expuesta al debatir otro modelo de país y el Ejército no era tan patriota como nos decían. Y así nosotros poníamos nuestro granito de arena para que esto cambie. Ya en 1975 Don Jaime (De Nevares, obispo de Neuquén) nos advertía que cuidáramos a nuestras familias porque la situación del país iba de mal en peor”.
Luego retomó el testimonio para afirmar que “ese 15 (junio de 1976) me llevan al calabozo y empiezan la caravana que viene de Cutral Co, pero no me pude comunicar con nadie, todos teníamos miedo de hablar. Al día siguiente me vendan y me interroga alguien que me informa de mi situación complicada y que me van a entregar a unas personas que me van a hacer papilla. Al tercer día me sacan al pasillo y veo a Chichita Seguel y a otra que no conocí, me llevan al aeropuerto y de ahí al centro de detención clandestino La Escuelita de Bahía Blanca. Antes de subir al avión me vendan de pies a cabeza, me tiran como un chorizo y arriba me ponen unas cadenas para que no me mueva. En Bahía con el único que hago contacto es con Cacho Galarza”.

Las gestiones de De Nevares
Indicó que más tarde lo volvieron a trasladar a la U9 con Eduardo Buamscha y Miguel Pincheira, a un viejo pabellón compartido con Bascuñán y Almarza.  “Me enteré que allí estaban José y Sergio Méndez, entre otras personas”, recordó. “Al día siguiente, ya con uniforme de preso, me hacen poner el pulgar en un formulario y me dicen: ‘se va en comisión’ y me suben a la parte de atrás de un auto con los ojos vendados. Vamos por caminos asfaltados y pedregullo; supuse entonces que era el lugar del interrogatorio. Era La Escuelita. Al llegar me esposan a unas cuchetas, allí estuve 21 días y pude ubicar a Cancio, Seminario y Pincheira. Intercambiábamos un poquito de aliento, nos decíamos que eso no podía durar eternamente, también me castigaron varias veces por hablar con ellos. Nos daban cintazos, nos ataban los pies a las camas, estuvimos varios días bajo esas condiciones, me preguntaban por Sergio y José Méndez, negué que los conociera y de José dije que éramos compañeros de escuela. Entonces, cansados, me tiraron en el camastro y no aplicaron más tortura, creo que ya era por el esfuerzo que hacían las familias afuera junto a Monseñor (De Nevares), creo que por eso el trato fue más benigno, creo que pensaron que era inútil insistir”.
Maidana reveló que “mi temor era muy grande, me costó muchísimo, nos daban de comer y a veces no, el dolor de las esposas, la sed, el hambre, fue una experiencia muy atroz. Una noche se escuchó un gran alboroto, que alguien se había escapado, se oyeron descargas de ametralladoras, el guardia que se quedó con nosotros nos golpeó y descargó su bronca contra nosotros. Con los años me enteré que ese preso estaba vivo y vivía en España. Después de 21 días vendado me llevan a la U9, llegué con conjuntivitis, pero contento de volver a la legalidad, quedaba a disposición del PEN”
Sobre su última estadía en la U9, dijo que “pasaron varios días y después empecé a recibir visitas gracias a los trámites que hizo monseñor, se que recorrió las jerarquías del Ejército, constantemente preocupado por mí, para que no esté solo en este mundo. Esta situación fue bastante traumática, estábamos en una condición de presos políticos y nosotros confiábamos que la civilidad vuelva a reclamar por el retorno de la democracia”.
Tras las preguntas de los abogados, Maidana respondió que “fue un atropello histórico que realizó el Ejército con el poder político. La verdad se impone, la justicia se impone, tienen que aplicar condenas efectivas para la democracia” y puntualizó que “tienen que reconocer que se equivocaron mal, que se condenaron a sí mismos al atacar a toda una generación”.

Fuente: El Diario del Juicio del Sindicato de Prensa de Neuquén. www.spnqn.com.ar/juicio

viernes, 11 de mayo de 2012

Segundo juicio contra represores: Caso Méndez, conscripto desaparecido.



Octavio Méndez, de 51 años, relató ayer ante el Tribunal Oral Federal de Neuquén su secuestro en la escuela nocturna Margarita Salina de Páez cuando tenía 15 años y cursaba el primer año del secundario. Contó su propia detención por parte de fuerzas policiales y del ejército, amplió los datos existentes sobre el operativo realizado en junio de 1976 en esa ciudad y detalló la detención y desaparición de su hermano José Delineo.
Aplaudido al ingresar a la sala, Méndez contó que “el 14 de junio de 1976 ingresó por la fuerza a mi casa un grupo de tareas del ejército y la policía provincial, interrogaron a mi madre y a mi padre además lo sacaron por la fuerza por la puerta del frente, que daba a la esquina de Nolasco y Perito Moreno”. Su madre preguntó porqué revisaban la casa y le respondieron que era “simple rutina”.
Detalló que “luego el policía –que era conocido, de apellido Vizcarra- se presentó en la dirección del colegio, era la hora del recreo, y me agarraron entre él y dos civiles más y un militar, y me trasladan a la comisaría de Cutral Co que está a cuatro cuadras, en una Ford F 100 verde, con la parte de atrás enlonada; había una veintena de soldados”. También reconoció que vio móviles de color verde y un Unimog, que eran vehículos de uso exclusivo del ejército.
Aseguró que “era un operativo grande porque estaba cortada la Avenida Roca y había un retén a veinte metros de la escuela”.
Méndez relató que en la comisaría le pidieron los datos, lo pusieron contra una pared y allí lo dejaron varias horas con los pies abiertos. Luego le preguntaron qué vinculación tenía con José “Oreja” Méndez y respondió que era se hermano y que estaba haciendo el servicio militar en Junín de los Andes.
Reseñó que “preguntaron por Pedro Maidana y después empiezan a golpearme. La oficina del oficial era el lugar de tortura, todos lo sabíamos ya, cuando lo ingresan a Maidana empieza un disturbio, una pelea inmensa; a partir de ahí solamente podía escuchar, porque tenía tapados los ojos. Luego siento que gritan: ‘cuidado que se escapa’ y más tarde me entero que había intentando escapar”.
Méndez recordó que enla comisaría de Cutral Có escuchó el nombre de “el chileno” Méndez, “quien recibió una patada en los testículos”  que lo tiró al piso y que a golpes lo volvieron a levantar. En el mismo lugar vio detenido Cantillana. Testimonió que “como era el más joven, no quería nada y pedir ir al baño era principio de tortura”
Sobre el trato recibido en la comisaría, especificó que “a cada rato venía alguien, me agarraba de los pelos y me refregaba contra una reja, me dejaron lastimada toda la frente y el cuero cabelludo” y manifestó que “cerca de las tres de la mañana me ingresan a la oficina, me tiran boca abajo y me interrogaron sobre mi hermano, me propinaban patadas, piñas y me preguntaban si yo era subversivo, militante o guerrillero”.
Méndez comentó que a su hermano “Octavio lo habían incorporado al servicio militar obligatorio en febrero de ese año y antes había trabajado en un grupo de la iglesia que se formó en 1975, cuando se hizo una reunión muy grande en el Club Juvenil de Cutral Co, armaron una iglesia y ayudaron a gente que necesitaba” y señaló que “en esa época yo era diariero, repartía revistas y practicaba atletismo”.
Durante su declaración dijo que “me pusieron en una silla, con algo de madera en mi espalda, entonces empecé a recibir golpes en la cabeza” y atestiguó que “cuando me sacaron de allí me mandaron otra vez a la reja y hasta las seis me refregaron en la reja; hasta que me trasladaron en una camioneta carrozada de color blanco a la comisaría de Plaza Huincul. Allí estuve hasta las 11, cuando me retiró mi padre”.
Cuando regresó a su casa con su familia concluyeron que fue la misma cantidad de móviles los que fueron a la casa y a la escuela.
Méndez afirmó que “la familia se puso en alerta para ir a ver a Octavio que estaba en Junín” y agregó que “ese era un regimiento al que a los soldados los llevaban como de rehenes, porque estaban incomunicados, solamente dos veces a la semana llegaba el correo postal; los francos para los soldados eran los sábados a la tarde y había que volver el domingo a la noche, no había dónde ir para recorrer al menos 250 kilómetros y después volver; y en esa época no teníamos las comunicaciones que tenemos ahora”.
Declaró que “cuando llegamos el 17 de junio nos dijeron en la guardia que lo habían trasladado a Neuquén en comisión. Cuando fuimos al batallón primero dicen que quedó en Junín, pero otro militar nos dice que estaba en el Comando y que hay que entrevistar a Farías (se refiere a Alberto Farías Barrera, jefe del Comando). En la vereda del Comando mi madre le pregunta a otro conscripto si sabe algo y dice que lo reconoce y que estuvieron juntos en la sala de armas pero de Junín hasta hace dos días; entonces regresamos todos a Cutral Co”.
Relató que “el viernes siguiente (Raúl) Radonich – conscripto del Batallón 181 en aquel entonces y testigo en este juicio- lleva una carta a la casa de puño y letra de Octavio indicando que estaba detenido en Neuquén, pero cuando volvemos a preguntar en el Batallón vuelven a negarlo y para verlo mi madre tuvo que ir a ver a Farías que miraba un partido entre Independiente y Talleres. Mi madre y Farías se comunicó por teléfono para que nos dejaran verlo por una hora”.
Evocó los dichos de su hermano detenido ilegalmente al comentar que “durante el día de su cumpleaños, fue cuando más lo torturaron, todavía tenía marcas en la sien, y allí comenta que lo sacan de Junín cerca de las 23, lo esposaron, lo vendaron y lo trasladaron en un Falcon; de allí lo trasladaron a la U9 donde estuvo desde julio hasta los primeros días de agosto, y después lo llevaron a Rawson”.
Méndez aseguró que su hermano les pedía que no fueran “muy preguntones porque los grababan” y ratificó que “allí estaban Maidana, Pincheira, Tomasevich y Almarza”.
Sobre el traslado a Rawson, indicó que “Octavio nos dijo que a los animales los hubieran tratado mejor y solamente lo pudimos ver una vez, una hora durante cinco días seguidos” y sostuvo que “al regreso de Rawson, nos recibió Farías para decir que `su hijo va a quedar en libertad el 4 de noviembre a las 5 de la mañana, en la esquina de la terminal de Bahía Blanca, yo mismo me encargué de traer sus pertenencias ´ –dijo- y llevó ropa, libros y algo de dinero”.
Confesó que “lo esperamos una semana, varias veces fuimos a ver si llegaba, el colectivo de Bahía Blanca tardaba normalmente como 9 o 10 horas; siempre teníamos la duda de que iba a desaparecer”.
Cuando su madre preguntaba, Farías le decía que “lo habrán raptado la gente de ellos, nosotros le dimos la libertad”.
Octavio relató las incansables veces que su madre fue a ver a Farías Barrera para saber de su hijo cuando no sabían dónde estaba y  después de su insistencia lo pudieron ver en el Batallón; cuando estaba detenido en la U9, cuando lo habían trasladado a Rawson -casi todos los jueves y sábados, un tiempo-  y que luego “la posta la tomó mi padre”, quien también se reunió con Oscar Reinhold, jefe de inteligencia.
“ Reinhold le dijo que se dejara de molestar porque si no le iba a pasar lo mismo y mi papá le respondió: si usted cree saber dónde está mi hijo, dígamelo; después no importa que me pase lo mismo ”.
En ese momento del relato, el Tribunal decidió hacer un cuarto intermedio cuando el testigo hizo una pausa prolongada.
Al regreso Méndez señaló que “a los pocos días llegó una nota a la casa diciendo que mi hermano fue abatido en una ciudad de Buenos Aires, con dirección y todo, pero un amigo de la familia fue y no existía ese lugar”.
Agregó además que “cuando sale en libertad Maidana nos comenta que a mi hermano lo sacaron el 4 de noviembre pero a las tres de la tarde” y sentenció “entonces, mi hermano nunca estuvo en libertad el 4 de noviembre a las 5 de la mañana”.
Por último, Méndez culpó a “Farías y Reinhold. Ellos pueden saber dónde pudo haber quedado mi hermano, ellos son responsables ”, concluyó.
El cutralquense fue despedido por con aplausos y el Tribunal decidió un cuarto intermedio.
Durante la audiencias de la mañana no hubo imputados presentes en la sala de Amuc, solamente presenció el interventor militar de la policía neuquina en 1976 y responsable del diseño de “zona liberada” para el operativo Cutral Có, el ex teniente coronel Osvaldo Laurella  Crippa desde Bahía Blanca por teleconferencia. María Magdalena Bamonde -madre de José  y de Octavio Méndez- se excusó de declarar y presentó un certificado médico y no se presentó  Víctor Tapia.

Fuente: Diario del Juicio www.spnqn.com.ar/juicio

jueves, 10 de mayo de 2012

TOF: Suspendieron declaración de testigos que denunciaron persecución laboral

El Tribunal Oral Federal de Neuquén (TOF) resolvió por unanimidad suspender la recepción del testimonio de Juan Domingo y Julio Eduardo Pailos, en la causa conocida como “Escuelita II”, a raíz de una presentación formulada por el Ministerio Público Fiscal que solicitó posponer la declaración de ambos al considerar en riesgo su integridad física y psíquica.
El 27 de abril pasado, Silvia Cristina Canale, esposa de Julio Eduardo, denunció ante la fiscalía federal que tanto ella como su hija, Silvia Andrea Pailos, y su cuñado, Juan Domingo, estaban siendo acosados en su lugar de trabajo: el hospital de Cipolletti.
Tanto Silvia Cristina como Silvia Andrea son enfermeras en el nosocomio. Desde hace dos meses su régimen laboral ha sufrido modificaciones. La esposa e hija de Julio Eduardo indicaron que el encargado de tomar las decisiones es un médico apellidado Rubianes, padre de una de las defensoras particulares en el juicio, Paola Rubianes. Una circunstancia similar vivió Juan Domingo a quien le quitaron la jefatura de servicio, después de más de veinte años en el puesto, y le comunicaron que debía ir al hospital de la localidad de Fernández Oro.
La fiscal federal de primera instancia, María Cristina Beute, explicó que: “todas estas situaciones temporalmente son simultáneas o coetáneas a la citación de estas personas a declarar, que las manipulaciones y acosos son progresivos, y que recaen sobre estas tres personas que son de la familia”. Otro de los datos relevantes es la relación de parentesco entre el profesional responsable de las directivas en el hospital y una de las abogadas que ejerce la defensa.
“Nosotros iniciamos la investigación, considerando que más allá de otros delitos que puedan surgir (amenazas, etc.), podrían ser hechos constitutivos de lo que se llama el encubrimiento, la obstaculización de una investigación. La investigación se está llevando a cabo, justamente, en el juicio oral”, añadió la fiscal.
Interviene en el caso el Programa Nacional de Protección a Testigos e Imputados. Su director, Darío Díaz, requirió al TOF que se postergue por 48 horas la declaración de los hermanos Pailos para brindarle mayor seguridad y poner en marcha las medidas pertinentes.
Los integrantes del tribunal coincidieron con el director del programa y suspendieron los testimonios, que se prestarán previo dictamen del Centro de Atención a la Víctima de Neuquén. El defensor público, Eduardo Peralta, sugirió que evalúe la situación el cuerpo médico forense de la justicia federal. En tanto la abogada Rubianes entendió que la suspensión debe extenderse hasta tanto se resuelva la incidencia, ya que dijo, esto condiciona su libre actuación en el proceso.
Jorge Adolfo Pailos también debía concurrir a la audiencia en la jornada de hoy, pero presentó un certificado médico en el que acredita una demencia tipo Alzheimer, con una discapacidad mental del 95%, por ende su testimonio fue desistido.
El tribunal adelantó la declaración de la psiquiatra Gladis Diojtar, quien no recordó haber atendido a Ricardo Novero, víctima en esta causa, al igual que el testigo Luis Alberto Marra. Miguel Ángel García no testimonió, según expresó el fiscal José María Darquier, por un error en la fecha prevista para su llegada a la capital.

El operativo Cutral Có
Para hoy esta previsto que preste testimonio Octavio Omar Mendez, secuestrado en el operativo conjunto que se realizó en las ciudades de Cutral Co y Plaza Huincul los días 14 y 15 de junio de 1976, del que participó personal del Ejército, de la Policía Federal y provincial.
Mendez, que tenía entonces 15 años, fue llevado desde el Centro de Enseñanza Nº6 de Cutral Co hasta la comisaría local, donde sufrió tormentos físicos y psíquicos. En los interrogatorios se le preguntó por su hermano, José Delineo, que luego fue detenido en Junín de los Andes mientras cumplía el servicio militar obligatorio y quien aún permanece desaparecido luego de haber pasado por el centro clandestino que funcionaba en el batallón neuquino y en las cárceles de Neuquén y Trelew.
Luego de Octavio Mendez declararán María Magdalena Bamonde -madre de José Delineo y de Octavio- y Victor Tapia. Los testigos de la tarde, según el cronograma, son: Mario Gerceck, Lidia Rosa Muñoz de Gerceck y Juan Uribe.
El viernes 11 de mayo se presentarán por la mañana en la audiencia: Armando Paris, Ramón León, y Elías Barrera. A la tarde están citados: Agustín Salvador Meza, Víctor Sansot y Horacio René Iraola.

viernes, 27 de abril de 2012

Buamscha: “A Reinhold y Farías, dos que reconozco”



Esa fue una de las frases más destacadas en la continuidad de las audiencias del segundo juicio contra los represores de la región que actuaron durante última la dictadura cívico-militar. La formuló el ex legislador peronista Eduardo Buamscha al presentarse esta mañana como el primer testigo del caso que investiga la detención ilegal de Carlos Kristensen, fallecido en el exilio.
Buamscha reconoció a Oscar Reinhold y a Luis Alberto Farías Barrera y relató ante el Tribunal que estuvo detenido en la Unidad 9 de Neuquén, fue trasladado para ser interrogado y golpeado en la delegación local de la Policía Federal; que lo llevaron vendado en avión al centro clandestino La Escuelita de Bahía Blanca y posteriormente, al penal de Rawson.
Buamscha también reconoció a Raúl Guglielminetti como integrante de la patota que lo secuestró, pero señaló específicamente al jefe de inteligencia y al jefe del Comando de la Sexta Brigada del Ejército, respectivamente.
Durante una parte de su testimonio, Buamscha estimó que “en julio de 1976 comenzó a funcionar La Escuelita, porque anteriormente nos interrogaban en la delegación de la Policía Federal y también nos llevaron a Bahía Blanca”, y agregó que “algunos de nosotros estuvimos en las dos Escuelitas”.
Reconoció a Kristensen en la U9, relató cuando fueron trasladados juntos en avión hasta Bahía Blanca desde diciembre de 1976 a febrero del año siguiente y declaró que “nunca se repuso de los primeros interrogatorios”. Reveló que estuvo detenido en la U9 desde el 5 de abril hasta los primeros días de junio, cuando fue llevado a Bahía Blanca. Allí estuvo un mes, regresó a Neuquén y la segunda semana de setiembre fue transportado al penal de Rawson.
Sobre la condición de los detenidos, dijo que “era indescriptible” y atestiguó que “las marcas de las esposas en las manos y en los pies llegaban a los huesos”. Buamscha resaltó que “siempre el motivo de tortura era por el tipo de militancia que tenía cada uno de nosotros, en general era por motivos ideológicos”.
Casi en el final de su declaración, Buamscha, quien reside en San Martín de los Andes, se dirigió al Tribunal para manifestar que ante algunas preguntas de los defensores se sentía “más imputado que testigo”, y sentenció que eso “es la teoría de los dos demonios”.  Luego se retiró aplaudido y vitoreado por el público que se hizo presente en el salón de Amuc.
En una charla con periodistas, sostuvo que “tenía algunas cosas más para decir, me parece que se estaban yendo por las ramas, no tenía nada que ver” refiriéndose a los requerimientos de la defensa y agregó que “todavía tengo que hacer otra declaración por lo de Bahía”. Reconoció su malestar porque “incluso empezaron a cuestionar la posición ideológica de gente que está muerta”. Reiteró que “son bastante desubicados – con todo respeto-, pero me sacaron de quicio, la verdad me sacaron de quicio”.
El ex diputado del Frejuli señaló “a Reinhold y a Farías Barrera, a los dos que yo reconozco; a Guglieminetti no tanto, pero con referencia a nuestros niños, nuestros cadáveres, ahora que Videla reconoce todas estas barbaridades que ellos están negando, es bueno que digan qué hicieron, dónde están los bebés, dónde están los cuerpos, porque ni ellos van a morir tranquilos ni nosotros vamos a estar tranquilos hasta que no termine esto definitivamente con la verdad”.
Explicó que “Reinhold y a Farías Barrera eran los que representaban al Ejército ante los familiares, eran las personas que –seguramente no torturaron- pero eran responsables de todo eso” y opinó que “ellos no se ensuciaron las manos en la tortura – probablemente, no estoy seguro-, pero pueden decir la verdad, no es tan difícil, ellos saben dónde están los cuerpos, ellos saben dónde están los bebés y ellos mismos se perjudican no diciendo la verdad”.
Acerca de sus compañeros de celda Kristensen y Javier Seminario – aún desaparecido- indicó que “nunca volvieron a ser quienes eran después de las torturas” y describió que “primero fue Carlos (Kristensen) quien entró en una depresión profundísima, no era el mismo, y Javier siempre estuvo un poco preocupado por la famosa tortura de La Escuelita de Neuquén, porque lo destrozaron, estaba muy deprimido -con la absoluta seguridad que eso solamente él lo puede entender-, sabía qué le iba a pasar y eso lo van a decir varios de los que estuvimos presos juntos”.
Expresó que “el pacto de silencio lo rompió Videla, el pacto de silencio lo rompe el jefe máximo de toda la época de la tortura, yo creo que eso puede dar pié a que otros digan `bueno terminemos con esto, saquémonos estos muertos de encima, todo este peso de encima` y a los mejor todos, de los dos lados, ellos y nosotros vamos a estar mucho más en paz”.
Finalizó diciendo que “mientras existan los cadáveres desaparecidos, los bebés con los padres que no son de ellos, creo que acá nunca va a haber ninguna posibilidad de que de los dos lados la gente muera tranquila”.

Fuente: Sindicato de Prensa. www.spnqn.com.ar/juicio - Foto: Oscar Livera

miércoles, 25 de abril de 2012

Las Madres celebran sus 35 años de lucha



El lunes 30 de abril presentarán el libro “Ni un paso atrás, testimonio de vida y lucha, Anhelo de las Madres”.
Las Madres de Plaza de Mayo filial Alto Valle de Neuquén y Río Negro realizarán una jornada de celebración el lunes 30 de abril a las 19.30 en la Escuela 201, ubicada en Belgrano y Salta de Neuquén capital.
Cumplen 35 años de denuncias, marchas, reclamos, amenazas, silencios, justicia.
Ese día se presentará el libro “Ni un paso atrás”, escrito por profesionales locales. Participará además Osvaldo Bayer. Invita y convoca: Grupo de Apoyo con Madres de Plaza de Mayo Neuquén y Alto Valle.

Fuente: Diario 8300. www.8300.com.ar

Declaran las víctimas que sufrieron torturas en la comisaría de Cipolletti


Atrás, con las manos cruzadas, el ex comisario rionegrino Miguel Ángel Quiñones



El jueves 26 de abril se retomarán las audiencias en el segundo juicio por delitos de lesa humanidad cometidos en la región, que se desarrolla en el Salón Verde de Amuc, ubicado en avenida Argentina casi Plaza de las Banderas de la ciudad de Neuquén.
Si bien estaba previsto que declararan los testigos del caso de Silvia Barco de Blanco, éstos fueron suspendidos, por lo que el debate comenzará con el testimonio de Eduardo Guillermo Buamscha, ex diputado provincial que estuvo detenido en la Unidad 9 de Neuquén y fuera sacado para ser interrogado en la delegación de la Policía Federal. Lo trasladaron luego al centro clandestino que funcionaba en Bahía Blanca y posteriormente, al penal de Rawson.
Buamscha reconoció a Raúl Guglielminetti como integrante de la patota que lo secuestró. Durante la jornada también prestarán declaración Elsa y Edgardo Kristensen e Isabel Álvarez por el secuestro de Carlos Kristensen, quien desde Cipolletti fue llevado a la delegación de la policía federal, donde fue interrogado entre otros por Guglielminetti antes de ser encarcelado en la U9 de la capital neuquina .
El viernes 27, por la mañana, será el turno de Raúl y Alicia Sotto y Elba Sánchez. A la tarde se presentarán: Tomás Herczeg, Mario Villagra, y Oscar Dionisio Contreras.
Raúl Sotto y Contreras trabajaban en el hospital de Cipolletti cuando fueron secuestrados y sometidos a tormentos físicos y psíquicos en la comisaría de la localidad rionegrina.
El personal de la comisaría rionegrina está imputado en este juicio por  las detenciones, entre otras,  de Raúl Sotto y Oscar Dionisio Contreras, quienes declararán el viernes 27 de abril. Ambos trabajaban en el hospital de Cipolletti cuando fueron secuestrados, y posteriormente, sometidos a tormentos físicos y psíquicos.

Fuente: Sindicato de Prensa de Neuquén. www.spnqn.com.ar/juicio.

viernes, 20 de abril de 2012

Gladis Sepúlveda declaró que reconoció al desaparecido Carlos Schedan durante su detención


La testigo reconoció que vio a Carlos Schedan en la U9 de Neuquén. Schedan, quien permanece desaparecido, fue detenido por la policía en su lugar de trabajo en 1976. Hubo varias intervenciones por parte de los abogados defensores y de la querella en los que el Tribunal debió intervenir.
La empleada de la Universidad Nacional del Comahue Gladis Sepúlveda, estudiante de la carrera de Servicio Social en 1976, relató que conoció a Virginia Recchia, esposa de Schedan, en la cárcel de La Floresta (Bahía Blanca) en setiembre del 76. Le comentó que a su hija la había dejado con una vecina y le describió cómo era su marido secuestrado y cómo vestía, lo que le permitió a Gladis reconocerlo como uno de hombres que estaba en la U9 también detenido y que fue trasladado junto con ella desde Neuquén al centro clandestino de Bahía.
El 11 de junio de 1976 un grupo comando atacó la casa de los padres de Sepúlveda, a quienes detuvo e incomunicó durante dos días junto a sus hermanos y su abuela de 78 años. La mujer era alumna de la carrera de Servicio Social y como no estaba en su casa, dejaron una guardia policial en su domicilio y al resto de la familia encerrada.
A los tres días, acompañada de su madre y el cura párroco de Cipolletti, se entregó en la comisaría de esa ciudad. Allí fue interrogada y le confirmaron que fue detenida por orden del V Cuerpo de Ejército para solicitar datos sobre otros estudiantes detenidos-desaparecidos. El 15 de ese mes fue trasladada con los ojos vendados a la Unidad de Detención 9 de Neuquén donde le hicieron firmar una libertad que no llegó, porque horas más tarde fue trasladada a Bahía Blanca. En “La Escuelita” de Bahía identificó a Susana Mujica, Alicia Pifarré, Cecilia Vecchi y Mirta Tronelli. También dijo que “reconocí a Mónica Morán porque era alumna de la Universidad y hacía teatro. A ella la sacaron con mucha violencia e insultos”. Dijo que “teníamos algo en la cabeza que nos decía si nos iban a matar o no”.
Sepúlveda, de 60 años, declaró que reconoció a otros sobrevivientes en La Floresta , entre otros a María Emilia Salto, Laura Manso, Virginia Recchia y Graciela Juliá.
Luego relató su traslado al penal de Devoto, donde estaban en cada pabellón se agolpaban entre 50 y 60 personas. En agosto del 79, tras pasar por varios meses por “la calesita”, como se describía al cambio continuo de celdas de los presos, de un pabellón a otro, de unas celdas a otras de a tres o cuatro para desalentar los vínculos entre ellos, se pudo exiliar a Alemania.
Antes de finalizar su declaración, Sepúlveda pidió “un agradecimiento al ex presidente Néstor Kirchner y a la actual presidenta, Cristina Fernández, por haber permitido llevar adelante los Juicios por la Verdad y la Justicia y a los organismos de derechos humanos” y dirigiéndose al tribunal solicitó “justicia, en nombre de los compañeros desaparecidos”. Se retiró ovacionada de la sala de audiencias.
Pasado el mediodía se presentó Élida Sifuentes quien dijo sobre Virgina Recchia que “la conocí en la cárcel, no la conocía de antes, estuvimos poco tiempo, no llegamos a establecer un contacto, estábamos en la cárcel de La Floresta, estaba muy atemorizada”.
Al salir de la sala de audiencias, Sifuentes dijo que “estaba muy tranquila, me sentí muy apoyada por colegas y familiares” y se lamentó de la ausencia de “los compañeros que jamás van a poder dar testimonio de lo vivido”.
Sifuentes confesó que “estamos hablando de la verdad, si hubo detenciones y represión fue contra todos aquellos que estábamos organizados por la transformación de un mundo más justo, fuimos reprimidos por pensar como pensábamos”.
Sobre la ausencia de los imputados, opinó que “hubiera preferido que estuvieran, aunque no es nada sorprendente”.

Imputados ausentes
Estuvieron ausentes nuevamente la mayoría de los imputados en el salón de AMUC. Desde el Consejo de la Magistratura, en Buenos Aires, el represor Oscar Reinhold pidió por teleconferencia ser trasladado a una sala contigua y ya no presenciará el juicio. Lo mismo ocurrió después con José Ricardo Luera, por lo que sólo se verá por la pantalla, desde Bahía Blanca, al ex interventor de la policía neuquina, el militar Osvaldo Laruella Crippa.
Las audiencias testimoniales continuaron esta mañana con una declaración anulada de Roberto Oscar Soria, médico policial que atendió a Virginia Recchia cuando ésta ingresó a la sede policial después de haber sido interrogada y torturada en el centro clandestino de detención La Escuelita.
Soria, de 70 años, quien declaró por el caso de la detención y tortura de Virginia Recchia, se desempeñaba dentro del departamento de Sanidad de la Policía de Neuquén y quedó al borde del falso testimonio al contradecir sus dichos con las declaraciones formuladas en 2007.
Soria declaró que recordaba haber atendido a personas atadas de pies y manos o con marcas en las manos, y ante una pregunta de la querella respondió que en 24 años de profesión no atendió a personas torturadas con picana eléctrica. Según figura en el expediente, era uno de los médicos que pudo haber recibido a los secuestrados que eran traídos de la tortura y reingresados a la U9, mientras que específicamente se lo citó por el caso Recchia porque la atendió en la alcaidía de Neuquén cuando venía desmayada de una sesión tortuosa.
El abogado Marcelo Hertzriken Velazco pidió que Soria sea detenido por reticente y el Tribunal resolvió finalizar el testimoni porque estaría “autoincriminándose”.
Soria aseguró ante los jueces que ante cualquier tipo de atención médica se extendía un certificado con firma y sello y se dejaba asentado en un libro de actas, pero no reconoció ni recordó el nombre de Viriginia Recchia. El doctor dijo que, en el ámbito médico, Hilarión de la Paz Sosa “era una persona normal” y lo describió “como un colega con el que trabajamos juntos”.

Fuente: Sindicato de Prensa de Neuquén. www.spnqnq.com.ar/juicio

jueves, 19 de abril de 2012

Tortura hasta el exilio

Más de tres horas demandó la declaración de Orlando “Nano” Balbo, secuestrado el día del golpe militar en 1976 y mantenido bajo golpes y vejámenes en las cárceles de la dictadura. Conoció la “picana” bajo la mirada penetrante de Raúl Gulglielminetti, quien lo trató de “rata de albañal” mientras le preguntaba por los diputados René Chavez, Carlos Arias y Guillermo Buamscha.
Balbo dejó en claro que la tortura no cesó hasta que pudo hacer uso de la opción “salir del país”, en 1978, cuando se exilió a Italia. Para esto había pasado seis meses en la U9 de Neuquén, casi un año en la cárcel de Rawson y un tiempo menor en la cárcel de Caseros, antes de poder exiliarse. Los traslados -junto a otros detenidos políticos- por avión eran bajo golpes y amenazas continuas, encapuchados y esperando el peor final en cualquier momento.
Para poder visitarlo en Rawson, su madre podía acceder a hablar con él unos minutos durante cinco días, cada 45 días, si decía que venía a ver al “terrorista subversivo Orlando Santiago Balbo”. Su padre, un hombre de campo “soportaba como podía una agresión para la que no estaba preparado”. “La tortura a los familiares no tenía límites, ni en tiempo, ni en las formas”, reclamó.
Ese 24 de marzo en Neuquén la patota reventó la puerta de su casa a patadas y los trasladó en un Peugeot claro hasta la delegación de la policía federal. Allí fue sentado, encapuchado y vendado. Había otras personas, y luego llegaron los golpes en una especie de sótano ubicado al final del pasillo de la delegación de la federal, en momentos en que estaba esposado por la espalda, atado a una silla.
Eran varios los que golpeaban, pero la mayoría se mantuvo a sus espaldas y al que pudo detectar era al civil de inteligencia que conocía de la Universidad Nacional del Comahue, porque allí habían trabajado Nano Balbo en la secretaría administrativa de Agrarias, cuando Guglielminetti integraba “el staff” del rector Dionisio Remus Tetu. También lo conocía porque se hacía de periodista deportivo en la radio Lu5, y detalló que unos años atrás, se lo habían presentado en la calle.
Pero su faceta de interrogador la conoció en la sede de la Federal. Allí además de los golpes que le reventaron los tímpanos y que le produjeron la sordera, lo sometieron al paso de corriente y a submarino seco. “De atrás me ponían el plástico en la cabeza, y parece que la cabeza se expande, y estalla, y el corazón enloquece. En ese momento y cuando uno tiene la boca abierta, te hacen un agujero en el plástico”, describió.
También le ejemplificó al tribunal cómo se hacía para mantener el equilibrio sobre la silla de torturas mientras el cuerpo se movía espasmódico por el paso de la corriente.
Explicó que Guglielminetti conocía tanto el procedimiento, que advirtió en un momento durante el submarino seco con uno de los dientes se había hecho un agujero en el nylon, por lo que el ahogo era un poco menor. “¡Cambien la bolsa!, exigió a la patota, mientras le gritaba “con bronca, rata de albañal!…”
En una oportunidad, cuando volvió del desmayo tras la picana esposado en el sótano de la Federal, encontró a una persona en la misma mesa de torturas comiendo pollo con papas y una gaseosa oscura, como la Coca Cola. Con voz pausada, el comensal al que advertía desde abajo de la venda, le sugería que le diera a los torturadores los datos que quería. ¡Cómo podían en esa oficina, con esos gritos?, se preguntó Balbo quien recordó la tortura inconmensurable de escuchar desde la escalera, los gritos de otros a la espera de su propio turno. Aseguró que no hay manera de describir los alaridos de los tormentos, “es un grito no humano, animal, no sé como describirlo”, destacó.
A las sesiones de tortura en la Federal (lo sacaban de la U9, en sesiones que se prolongaban hasta la noche) siguieron en varias oportunidades los golpes en una oficina de la U9. Allí no hubo picana, pero los golpes venían de varios lados y en busca de “corroborar datos que tenían de otro lado, por ejemplo, cuándo había empezado a trabajar con René Chavez”, dijo.
Además de Guglielminetti en la Federal reconoció al comisario “perro” González -fallecido-, que como al pasar y sin mediar palabras le propinaba una feroz trompada y a un joven corpulento, rubio y alto que vestía de civil y que armó la caja de la picana antes de que iniciaran los tormentos. También en una oportunidad pudo detectar la presencia de alguien de mayor jerarquía, que se vestía de civil, tenía barba candado y “que hasta Guglielminetti se mostró como ante la presencia de un superior”, describió.
A su regreso a la U9 no podía sostenerse en pie. Con dificultad llegaba a la celda y “hacía un esfuerzo por volver” , mientras que ya en la celda junto con Ramón Jure -otro sobreviviente que debía declarar con Balbo pero que falleció antes de poder brindar su testimonio-, no soportaba estar acostado, ni sentado, tenía hematomas en todo el cuerpo y cuello, los oídos le sangraban, intentó asearse y se miró al espejo sin poder reconocer su rostro. “No tenía rostro, estaba todo hinchado”, recordó.
Con la insistencia y protestas de Jure lo medicaron y le dieron calmantes; “y unas gotas en los oídos que me enloquecen”, destacó. Como pudo y con mucho esfuerzo, escribió una nota dirigida al juzgdo federal para denunciar que era torturado y para exigir ser interrogado con un funcionario judicial y con la presencia de personal penitenciario.
La denuncia la encontró su padre en el despacho del mayor Luis Alberto Farías Barrera, cuando el militar sacó el escrito de un cajón y le recriminó a Balbo que su hijo “nos está denunciando”.
EL EJERCICIO DE LA MEMORIA
“Esperé mucho tiempo por llegar a esta situación, casi 40 años”, le dijo Balbo a los jueces quien detalló los obstáculos contra los que luchó para no silenciar los detalles del horror en su memoria. “No fue fácil, despertar con las pesadillas en la noche todo sudado pensando que era la celda de Rawson, cuando todo indicaba que lo más saludable era olvidar reanudar mi vida.
Pero esa información explicaba el plan criminal que afectaba al país, el temor instalado en las instituciones del Estado a las que el pueblo le dio las armas para que nos defendieran; recordar no era sensato y más con el obstáculo del tiempo donde los rostros y los hechos se desdibujan; seis meses en la cárcel de Neuquén donde me sacaban para torturarme, o en Rawson, o en Caseros aislado del mundo con la única conexión que tenía con la realidad era a través de un tubo por el que hablabamos con los familiares, donde nuestra conversación era escuchada y a riesgo que ante el menor equívoco tomaran represalias contra nosotros o las vejaciones contra nuestra familia…dudabamos de ser creidos”, explicó.
Sostuvo además que el “capitulo final” del terror sólo lo conocían los que habían desaparecido, y los que “ejecutaron el plan, que se escudan en una pseudo teoría de guerra y en una supuesta obediencia debida”. Insistió también que no estaba excento del miedo por la desaparición de Julio López y la sanción de una ley antiterrorista que no define quién es el terrorista.
Recapituló entonces que “estoy tratando de cumplir con la carga pública, y con el mandato e los sobrevivientes de contar lo que pasó, para resignificar nuestras vidas cuando uno deseó morir, desear la muerte es irracional”, sostuvo.

LOS DEFENSORES BUSCARON MONTONEROS
Orlando Balbo mantuvo la calma y la mesura a lo largo del desgarrador relato, con reclamos de Justicia y de la injusticia del olvido, el Punto Final y la Obediencia debida; pero al final, cuando llegaron algunas preguntas de los defensores, lograron sacar varias protestas en sus respuesta. “No sé qué buscaban, eran preguntas absurdas, fuera de sentido y me parecía que me tomaban por tonto”, se quejó luego al salir de la audiencia.
¿”Le practicaron algún estudio tendiente a determinar el paso de corriente eléctrica por su cuerpo”?, exigieron. Balbo explicó que se hizo estudios en Italia y Dinamarca, y que en Copenague intentaron hacer un análisis específico, pero le indicaron que cuatro o cinco años era mucho tiempo para poder establecer las secuelas físicas de la picana.
A renglón seguido exigieron conocer si era amigo o enemigo de cada uno de los denunciantes, en busca de establecer una relación de militancia con ellos. “A la mayoría les guardo afecto por haberlos conocido en los momentos difíciles de la cárcel” respondió Balbo en tanto ante la insistencia debió aclarar “los estimo, pero no sé quiénes son sus afectos, no sé cuándo es el cumpleaños de sus hijos, no los invito a mi casa”, espetó. Hasta le recriminaron que si él militaba en la juventud peronista en 1974 y Perón había designado al montonero Galimberti como jefe de la juventud peronista en 1973, debía explicar a qué facción del “peronismo de base” pertenecía.
“Fui simpatizante y colaboré y trabajé en la Juventud peronista y también me separé de ellos cuando no me sentí identificado. No me siento identificado con ningún partido político pero no soy independiente, para que mi conciencia no se nuble”, respondió. Luego dijo que tras años de búsquedas de respuestas y en función a las preguntas que recibía en la tortura, dedujo que su participación en 1973 en las campañas de alfabetización durante el gobierno de Cámpora que tenían como base la pedagogía del educador Pablo Freire pudo desencadenar la furia de los militares porque “luego fueron libros prohibidos y habia que quemarlos. La campaña en sí no terminó, pero cuando Cámpora renunció, la campaña de alfabetización se quedó sin sustento político”, explicó.
Cuando el 24 de marzo de 1976 lo fueron a buscar, Orlando Balbo era docente en un quinto año de una escuela de Cipolletti, había sido cesanteado de su cargo de secretario administrativo en la facultad de Agrarias (UNC) y se desempeñaba desde hace un mes como secretario legislativo de la diputada de la JP, René Chavez.


Fuente: Sindicato de Prensa de Neuquén