Los adolescentes le aportaron color y fervor político a la
ronda de exposiciones sobre el proyecto que establece el sufragio optativo a
los 16 años. "Les pido que los dejen votar", afirmó el sobreviviente
de La Noche de
los Lápices, Pablo Díaz.
Rastas, remeras con consignas políticas, cabellos coloridos,
aros vistosos de tan gigantes, pañuelos en la cabeza, jeans desgastados, mucho
entusiasmo y firmeza política. Eso es lo que aportaron los jóvenes, que ayer
fueron mayoría, en la primera audiencia pública por el proyecto que autoriza a
votar a partir de los 16 años. Todos respaldaron la iniciativa, incluso con
críticas, y le quitaron la acostumbrada formalidad y gestualidad que les suelen
otorgar los senadores a las diferentes actividades que protagonizan en la Cámara Alta.
La primera parte de la audiencia, que condujo el presidente de la
comisión de Asuntos Constitucionales, Marcelo Fuentes, la protagonizaron
funcionarios nacionales. El ministro de Educación, Alberto Sileoni, no escatimó
argumentos a favor de la norma: "Es una apuesta hacia los jóvenes y la
ampliación de derechos siempre es una conquista y nunca un retroceso." El
ministro consideró que el proyecto no presupone que todos tienen vocación
política "sino que es deseable que se incorporen a la política. La
participación no admite adjetivaciones. Se trata de un proyecto que es una
apuesta hacia los jóvenes y que les expresa confianza."El vicepresidente Amado Boudou estuvo presente y aseguró que los que se oponen al proyecto quieren "una democracia de élites". Es más, comparó los argumentos en contrario con aquellos "que se usaron para rechazar el voto de las mujeres y para que sólo pudieran votar los mayores a 21 años".
Tullio se concentró en resaltar que "este aporte histórico a la inclusión electoral" no tiene nada de "oportunismo político". Consideró que el voto debe ser optativo para este grupo etario, que representaría un 4,6% del padrón, porque debe dársele "una posibilidad de hacer más viable el derecho, de no convertirlo de pronto en una carga, sino que se vaya incorporando".
Curiosamente los radicales que hablaron no eran secundarios. Todos fueron universitarios, como el presidente de
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