viernes, 27 de abril de 2012

Buamscha: “A Reinhold y Farías, dos que reconozco”



Esa fue una de las frases más destacadas en la continuidad de las audiencias del segundo juicio contra los represores de la región que actuaron durante última la dictadura cívico-militar. La formuló el ex legislador peronista Eduardo Buamscha al presentarse esta mañana como el primer testigo del caso que investiga la detención ilegal de Carlos Kristensen, fallecido en el exilio.
Buamscha reconoció a Oscar Reinhold y a Luis Alberto Farías Barrera y relató ante el Tribunal que estuvo detenido en la Unidad 9 de Neuquén, fue trasladado para ser interrogado y golpeado en la delegación local de la Policía Federal; que lo llevaron vendado en avión al centro clandestino La Escuelita de Bahía Blanca y posteriormente, al penal de Rawson.
Buamscha también reconoció a Raúl Guglielminetti como integrante de la patota que lo secuestró, pero señaló específicamente al jefe de inteligencia y al jefe del Comando de la Sexta Brigada del Ejército, respectivamente.
Durante una parte de su testimonio, Buamscha estimó que “en julio de 1976 comenzó a funcionar La Escuelita, porque anteriormente nos interrogaban en la delegación de la Policía Federal y también nos llevaron a Bahía Blanca”, y agregó que “algunos de nosotros estuvimos en las dos Escuelitas”.
Reconoció a Kristensen en la U9, relató cuando fueron trasladados juntos en avión hasta Bahía Blanca desde diciembre de 1976 a febrero del año siguiente y declaró que “nunca se repuso de los primeros interrogatorios”. Reveló que estuvo detenido en la U9 desde el 5 de abril hasta los primeros días de junio, cuando fue llevado a Bahía Blanca. Allí estuvo un mes, regresó a Neuquén y la segunda semana de setiembre fue transportado al penal de Rawson.
Sobre la condición de los detenidos, dijo que “era indescriptible” y atestiguó que “las marcas de las esposas en las manos y en los pies llegaban a los huesos”. Buamscha resaltó que “siempre el motivo de tortura era por el tipo de militancia que tenía cada uno de nosotros, en general era por motivos ideológicos”.
Casi en el final de su declaración, Buamscha, quien reside en San Martín de los Andes, se dirigió al Tribunal para manifestar que ante algunas preguntas de los defensores se sentía “más imputado que testigo”, y sentenció que eso “es la teoría de los dos demonios”.  Luego se retiró aplaudido y vitoreado por el público que se hizo presente en el salón de Amuc.
En una charla con periodistas, sostuvo que “tenía algunas cosas más para decir, me parece que se estaban yendo por las ramas, no tenía nada que ver” refiriéndose a los requerimientos de la defensa y agregó que “todavía tengo que hacer otra declaración por lo de Bahía”. Reconoció su malestar porque “incluso empezaron a cuestionar la posición ideológica de gente que está muerta”. Reiteró que “son bastante desubicados – con todo respeto-, pero me sacaron de quicio, la verdad me sacaron de quicio”.
El ex diputado del Frejuli señaló “a Reinhold y a Farías Barrera, a los dos que yo reconozco; a Guglieminetti no tanto, pero con referencia a nuestros niños, nuestros cadáveres, ahora que Videla reconoce todas estas barbaridades que ellos están negando, es bueno que digan qué hicieron, dónde están los bebés, dónde están los cuerpos, porque ni ellos van a morir tranquilos ni nosotros vamos a estar tranquilos hasta que no termine esto definitivamente con la verdad”.
Explicó que “Reinhold y a Farías Barrera eran los que representaban al Ejército ante los familiares, eran las personas que –seguramente no torturaron- pero eran responsables de todo eso” y opinó que “ellos no se ensuciaron las manos en la tortura – probablemente, no estoy seguro-, pero pueden decir la verdad, no es tan difícil, ellos saben dónde están los cuerpos, ellos saben dónde están los bebés y ellos mismos se perjudican no diciendo la verdad”.
Acerca de sus compañeros de celda Kristensen y Javier Seminario – aún desaparecido- indicó que “nunca volvieron a ser quienes eran después de las torturas” y describió que “primero fue Carlos (Kristensen) quien entró en una depresión profundísima, no era el mismo, y Javier siempre estuvo un poco preocupado por la famosa tortura de La Escuelita de Neuquén, porque lo destrozaron, estaba muy deprimido -con la absoluta seguridad que eso solamente él lo puede entender-, sabía qué le iba a pasar y eso lo van a decir varios de los que estuvimos presos juntos”.
Expresó que “el pacto de silencio lo rompió Videla, el pacto de silencio lo rompe el jefe máximo de toda la época de la tortura, yo creo que eso puede dar pié a que otros digan `bueno terminemos con esto, saquémonos estos muertos de encima, todo este peso de encima` y a los mejor todos, de los dos lados, ellos y nosotros vamos a estar mucho más en paz”.
Finalizó diciendo que “mientras existan los cadáveres desaparecidos, los bebés con los padres que no son de ellos, creo que acá nunca va a haber ninguna posibilidad de que de los dos lados la gente muera tranquila”.

Fuente: Sindicato de Prensa. www.spnqn.com.ar/juicio - Foto: Oscar Livera

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