Esa fue una de las frases más destacadas en la continuidad
de las audiencias del segundo juicio contra los represores de la región que
actuaron durante última la dictadura cívico-militar. La formuló el ex
legislador peronista Eduardo Buamscha al presentarse esta mañana como el primer
testigo del caso que investiga la detención ilegal de Carlos Kristensen,
fallecido en el exilio.
Buamscha reconoció a Oscar Reinhold y a Luis Alberto Farías
Barrera y relató ante el Tribunal que estuvo detenido en la Unidad 9 de Neuquén, fue
trasladado para ser interrogado y golpeado en la delegación local de la Policía Federal ;
que lo llevaron vendado en avión al centro clandestino La Escuelita de Bahía
Blanca y posteriormente, al penal de Rawson.
Buamscha también reconoció a Raúl Guglielminetti como
integrante de la patota que lo secuestró, pero señaló específicamente al jefe
de inteligencia y al jefe del Comando de la Sexta Brigada del
Ejército, respectivamente.
Durante una parte de su testimonio, Buamscha estimó que “en
julio de 1976 comenzó a funcionar La Escuelita , porque anteriormente nos interrogaban
en la delegación de la
Policía Federal y también nos llevaron a Bahía Blanca”, y
agregó que “algunos de nosotros estuvimos en las dos Escuelitas”.
Reconoció a Kristensen en la U 9, relató cuando fueron trasladados juntos en
avión hasta Bahía Blanca desde diciembre de 1976 a febrero del año
siguiente y declaró que “nunca se repuso de los primeros interrogatorios”.
Reveló que estuvo detenido en la U 9
desde el 5 de abril hasta los primeros días de junio, cuando fue llevado a
Bahía Blanca. Allí estuvo un mes, regresó a Neuquén y la segunda semana de
setiembre fue transportado al penal de Rawson.
Sobre la condición de los detenidos, dijo que “era
indescriptible” y atestiguó que “las marcas de las esposas en las manos y en
los pies llegaban a los huesos”. Buamscha resaltó que “siempre el motivo de
tortura era por el tipo de militancia que tenía cada uno de nosotros, en
general era por motivos ideológicos”.
Casi en el final de su declaración, Buamscha, quien reside
en San Martín de los Andes, se dirigió al Tribunal para manifestar que ante
algunas preguntas de los defensores se sentía “más imputado que testigo”, y
sentenció que eso “es la teoría de los dos demonios”. Luego se retiró
aplaudido y vitoreado por el público que se hizo presente en el salón de Amuc.
En una charla con periodistas, sostuvo que “tenía algunas
cosas más para decir, me parece que se estaban yendo por las ramas, no tenía
nada que ver” refiriéndose a los requerimientos de la defensa y agregó que
“todavía tengo que hacer otra declaración por lo de Bahía”. Reconoció su
malestar porque “incluso empezaron a cuestionar la posición ideológica de gente
que está muerta”. Reiteró que “son bastante desubicados – con todo respeto-,
pero me sacaron de quicio, la verdad me sacaron de quicio”.
El ex diputado del Frejuli señaló “a Reinhold y a Farías
Barrera, a los dos que yo reconozco; a Guglieminetti no tanto, pero con
referencia a nuestros niños, nuestros cadáveres, ahora que Videla reconoce
todas estas barbaridades que ellos están negando, es bueno que digan qué
hicieron, dónde están los bebés, dónde están los cuerpos, porque ni ellos van a
morir tranquilos ni nosotros vamos a estar tranquilos hasta que no termine esto
definitivamente con la verdad”.
Explicó que “Reinhold y a Farías Barrera eran los que
representaban al Ejército ante los familiares, eran las personas que
–seguramente no torturaron- pero eran responsables de todo eso” y opinó que
“ellos no se ensuciaron las manos en la tortura – probablemente, no estoy
seguro-, pero pueden decir la verdad, no es tan difícil, ellos saben dónde
están los cuerpos, ellos saben dónde están los bebés y ellos mismos se
perjudican no diciendo la verdad”.
Acerca de sus compañeros de celda Kristensen y Javier
Seminario – aún desaparecido- indicó que “nunca volvieron a ser quienes eran
después de las torturas” y describió que “primero fue Carlos (Kristensen) quien
entró en una depresión profundísima, no era el mismo, y Javier siempre estuvo
un poco preocupado por la famosa tortura de La Escuelita de Neuquén,
porque lo destrozaron, estaba muy deprimido -con la absoluta seguridad que eso
solamente él lo puede entender-, sabía qué le iba a pasar y eso lo van a decir
varios de los que estuvimos presos juntos”.
Expresó que “el pacto de silencio lo rompió Videla, el pacto
de silencio lo rompe el jefe máximo de toda la época de la tortura, yo creo que
eso puede dar pié a que otros digan `bueno terminemos con esto, saquémonos
estos muertos de encima, todo este peso de encima` y a los mejor todos, de los
dos lados, ellos y nosotros vamos a estar mucho más en paz”.
Finalizó diciendo que “mientras existan los cadáveres desaparecidos,
los bebés con los padres que no son de ellos, creo que acá nunca va a haber
ninguna posibilidad de que de los dos lados la gente muera tranquila”.
Fuente: Sindicato de Prensa. www.spnqn.com.ar/juicio - Foto: Oscar Livera

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